Podemos ver claramente a través del tiempo la evolución tecnológica que ha dado lugar a un nuevo paradigma de comunicación, pues en la actualidad la red es el medio por el cual transita todo tipo de información, por esto las personas están saturadas de esta y deben ser selectivos en el proceso de recolectar dicha información, todo esto permite una interconectividad que esta ligado al modelo de la globalización.
El hombre, el ciudadano, el usuario mediático, deja de ser dueño de su tiempo y en paradoja, las tecnologías que aceleran nuestra vida, y que se convierten en eficaces instrumentos para los fines mercantiles de las empresas, y que en última instancia, según divisa sociológica que ha hecho fortuna en los últimos tiempos, liberan al hombre y lo destinan a una sociedad del ocio, acaban quitando al hombre su verdadero tiempo. En realidad el usuario de esas tecnologías habla de “falta de tiempo”; el hombre moderno, en su conjunto, sigue hablando de falta de tiempo, la trampa habría sido perfecta, el hombre ha perdido su tempo, su pálpito interior, posado y rico en experiencias, en diálogos social, en imbricación en su entorno social y a cambio ni siquiera ha ganado ese tiempo fugaz y vacío del ocio moderno, que, si acaso, consiste en sumergirse más y más en ese círculo vicioso mediático: jugar con ordenadores, navegar solitariamente en la realidad virtual de Internet, ver televisión o dejarse bombardear por una información que ya no puede asimilar, juzgar, analizar.
este nuevo paradigma de comunicación logra ventajas en la post-modernidad, pero causa varios efectos irreversibles en el hombre como el apartarlo de su identidad para convertirlo en un ser consumista.
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